Colombia Truque Vélez

Nació en Bogotá. Poeta, cuentista y traductora. Autora de: Palabras de sueño y de vigilia (1984), Otro nombre para María, Premio Nacional de Cuento (Colcultura, 1993) y Poemas al margen (1997). Actualmente dirige la edición para Latinoamérica de la revista Vericuetos-chemins scabreux

PARÁBOLA DEL AMOR TRAICIONADO

Después de un rato en que se estuvieron mirando intensamente: Te amo, dijo él. Te amo, dijo ella. Se tomaron las manos y echaron a andar. El aire era tibio como sólo puede serlo en la primavera, con la misma tibieza que cada uno sentía emanar de la mano del otro.

Él es el Héroe y ella, la Heroína de esta historia que acaba de comenzar.

La luz ha ido cambiando, como si una pequeña nube hubiera velado el brillo del sol. Me hieres, dijo él. Sólo el No Amor puede no herir, dijo ella; el amor es una guerra. Ahora, la Heroína tenía en su mano un arma extraña, de brillos siniestros. Tú me heriste primero, dijo ella. No, tú me heriste primero, dijo él. Sólo el No Amor puede no herir. El amor es una guerra. También el Héroe tenía en su mano un arma extraña, de brillos siniestros.

A medida que se herían mutuamente, sus sombras, proyectadas contra el muro, que al principio estaban cogidas de las manos, comenzaron a separarse y a hacerse menos nítidas, como si la luz hubiera variado su ángulo sobre la escena. Las sombras se agitaban, haciendo esfuerzos para volver a unirse y, de repente, lo lograron. Los dos héroes que se herían en su lucha, habían depuesto súbitamente sus armas. ¿Me perdonas?, preguntó ella. ¿Me perdonas?, preguntó él.

La escena de la lucha y el perdón se sucedió varias veces más: el amor es una guerra. Entonces ocurrió que al final de una de esas luchas las sombras se debatieron con desesperación, tendiendo la una hacia la otra sus brazos, que del color de la tinta china se habían vuelto como manchas grisáceas y amenazaban desvanecerse completamente. Sin embargo, en la lucha del Héroe y la Heroína de carne y hueso, uno de los dos se alzó victorioso. No podríamos decir cuál, porque los cuerpos, al igual que las sombras, habían ido perdiendo consistencia. Ya iban a desaparecer por completo, cuando se oyó, no se sabe si salida de las sombras o de los cuerpos, una voz débil que clamaba: ¡Ayúdame! Y otra voz que le respondía: ¡No puedo! Mi victoria es una herida más dolorosa, sangrante y mortal que la tuya...

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